f. ¿Un buen profesional es quien realiza lo que el paciente le pide?

Componente Moral de la Profesión:
El primer deber moral que asume el dentista es "hacer el bien a sus pacientes" , esto específicamente en el área de la salud bucal. Sin embargo, la decisión del odontólogo frente a un caso clínico dependerá tanto de la técnica como de la ética. Técnicamente, lo que se considera "bueno" está determinado por estándares dados por la práctica y la investigación, pero lo que se refiere al componente ético no es muy claro. La mayoría de las reflexiones en ética dental tiene sus raíces en las antiguas teorías sobre la virtud, propuestas por Platón y Aristóteles, que inspiraron la escuela hipocrática, pilar de la ética médica. El médico hipocrático veía al enfermo como in-firmus, alguien falto de firmeza, tanto física como moral; por tanto, pese a desear su bien, no debía contar con su voluntad, ya que carecía, por principio, de autonomía moral. El paternalismo hipocrático era paternal (al impedir que el paciente decidiera sobre su propia enfermedad), maternal (al hacerle lo menos ingrata posible su enfermedad) y sacerdotal (al actuar como mediador con la divinidad y tener poder sobre la vida y la muerte).
Esta visión también involucró a los odontólogos por largo tiempo, por cuanto el alto grado de conocimiento especializado relacionado con el tratamiento comprensivo de las enfermedades dentales agudizó la dependencia del paciente. La calidad de la protección estuvo relacionada sólo con el mantenimiento, por parte del dentista, de un elevado nivel profesional, ideales altruistas y un esmerado desempeño.
Dicha relación perduró por siglos, pero el extraordinario avance tecnológico repercutió en la sociedad y en la medicina. El advenimiento de una sociedad pluralista y de movimientos liberales exaltó las diferencias individuales respecto de valores morales fundamentales y de la interpretación del significado de la vida, la muerte, el sufrimiento, la dependencia y la atención en salud. El mayor acceso a la información ha revelado numerosos casos de prácticas poco éticas. Las encuestas públicas han demostrado que está disminuyendo la confianza de los pacientes en la integridad personal y profesional de médicos y dentistas. Como consecuencia, muchos ciudadanos de países desarrollados han asumido mayores responsabilidades en el cuidado de su salud dental. Estos hechos han afectado la tradicional relación según la cual los profesionales elegían las terapias adecuadas para sus pacientes. Ello significa que la decisión acerca de “lo bueno” en una intervención clínica está determinada actualmente por algo más que la información científica y tecnológica: debe equilibrarse con la elección y demanda del paciente.
Desde fines de la década del 60 la norma aceptada de práctica dental en Estados Unidos ha girado en torno a un modelo de evaluación y elección compartida entre el profesional y el paciente, en lo que se refiere al tratamiento. Aquí nace la necesidad de un “consentimiento informado”, instrumento que refleja una norma mínima para la toma de decisión compartida.

Ética y Odontología. Una introducción. Cardozo, Rodríguez, Lolas, Quezada. 2006. Pág. 21